La temporada de fiestas, que suele asociarse con alegría, celebración y reuniones familiares, también puede ser un momento difícil para los niños. La alteración de las rutinas, las presiones sociales y las mayores expectativas a veces pueden exacerbar los sentimientos de ansiedad y depresión. En medio de las actividades festivas, es fundamental prestar atención a las necesidades emocionales de su hijo y estar atento a las señales de que podría estar pasando por un momento difícil. Comprender cómo apoyar su salud mental durante esta temporada ajetreada puede ayudar a garantizar que las fiestas sigan siendo un momento de felicidad y conexión para toda la familia.
La salud mental es tan crucial para los niños como para los adultos. Al igual que la salud física, mantener una buena salud mental desde una edad temprana sienta las bases para una vida saludable y plena. Como padres, tutores o cuidadores, es esencial estar atentos y ser proactivos para reconocer las señales de problemas de salud mental en los niños, como la ansiedad o la depresión, y saber cómo apoyar su bienestar emocional de manera eficaz.
A diferencia de los adultos, los niños no siempre tienen las palabras para expresar sus sentimientos. Por lo tanto, es importante observar de cerca sus comportamientos y emociones. A continuación, se presentan algunos signos comunes de ansiedad y depresión en los niños:
Preocupación excesiva: los niños pueden preocuparse por diversos aspectos de la vida, incluido el rendimiento escolar, los problemas familiares o las situaciones sociales, y estas preocupaciones pueden volverse abrumadoras.
Síntomas físicos: los dolores de estómago, los dolores de cabeza u otras molestias físicas inexplicables a menudo pueden estar relacionados con la ansiedad.
Inquietud o fatiga: sentirse constantemente nervioso o inusualmente cansado puede ser un indicador de ansiedad.
Evitación: evitar las interacciones sociales, la escuela o actividades que antes disfrutaban puede ser un signo de ansiedad.
Alteraciones del sueño: la dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido o tener pesadillas puede estar asociada con la ansiedad.
Tristeza persistente: un niño puede parecer inusualmente triste o irritable durante un período prolongado.
Retraimiento: pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba y alejamiento de amigos y familiares.
Cambios en el apetito o el peso: cambios significativos en los hábitos alimenticios o pérdida o aumento de peso notable.
Baja energía: falta de energía y motivación, incluso para tareas sencillas.
Sentimientos de inutilidad o culpa: expresión de sentimientos de inutilidad o culpa excesiva.
Anime a su hijo a hablar sobre sus sentimientos. Cree un espacio seguro y sin prejuicios para que se exprese.
Utilice un lenguaje apropiado para su edad para hablar sobre las emociones y validar sus sentimientos.
La estructura y la rutina pueden brindar una sensación de seguridad y previsibilidad a los niños. Asegúrese de que tengan un horario equilibrado que incluya tiempo para jugar, aprender y descansar.
Fomente la actividad física, la alimentación saludable y el sueño suficiente, todo lo cual desempeña un papel crucial en el bienestar mental.
Limite el tiempo que pasan frente a la pantalla y promueva actividades que involucren positivamente su mente y su cuerpo.
Los niños suelen imitar el comportamiento de los adultos. Demuestre mecanismos de afrontamiento saludables, como respirar profundamente, hacer ejercicio o hablar de sus propios sentimientos de una manera saludable.
Si nota signos persistentes de ansiedad o depresión, considere buscar ayuda de un psicólogo o consejero infantil. La intervención temprana puede marcar una diferencia significativa.
Los libros, los recursos en línea y los grupos de apoyo pueden brindar información valiosa y estrategias para controlar la salud mental de su hijo.
"The Whole-Brain Child" de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson
"Raising an Anxious Child" de Erika Miller
Anxiety and Depression Association of America
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